El Cocodrilo Que No Le Gustaba El Agua Cuento Completo Online

Cocoa was different from all his brothers and sisters. While they loved to splash, dive, and chase bubbles in the cool, brown water, Cocoa preferred to sit on a warm, dry rock. He would tuck his little green feet under his tail and watch the dragonflies dance.

Cocoa shivered. He dipped one toe in and pulled it back quickly. “It’s… wet,” he whispered.

El cocodrilo al que no le gustaba el agua | Cuentos infantiles

A pesar de la vergüenza y el miedo, el pequeño no quería rendirse ni volver a quedarse solo. Así que respiró hondo y decidió . Se paró al borde de la piscina y empezó la cuenta regresiva: a la una... a las dos... a las dos y media... y ¡a las tres! ¡CHAPUZÓN! . el cocodrilo que no le gustaba el agua cuento completo

One day, Papa Crocodile pulled Cocoa aside. “Son,” he said gently, “you have to learn to swim. Your tail is made for the water. Your scales are made for the water. Your heart is a crocodile heart.”

Un día, sus hermanos se acercaron a él con una idea. Le dijeron que si aprendía a nadar, tal vez dejaría de sentirse tan miserable. Le explicaron que primero debía aprender a flotar y, para ello, tenía que quitarse la ropa.

La experiencia fue terrible. El agua estaba y el pequeño sintió que se ahogaba. Salió rápidamente del agua, temblando de frío y profundamente avergonzado ante la mirada de los demás. Definitivamente odiaba el agua. Cocoa was different from all his brothers and sisters

When he reached the other side, the Firefly’s family was waiting. They danced around Cocoa’s head in a happy, golden swirl.

“Oh no,” cried the Firefly. “I have to get to the Great Swamp Gathering before sunset, but my wing is hurt. I can’t fly over the river. And I can’t swim.”

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Cocoa looked down at his feet. “But Papa,” he whispered, “my heart doesn’t like the water. It likes the sun. It likes the quiet. It likes to watch the clouds.”

El pequeño dragón, feliz por fin de saber quién era realmente, corrió hacia el borde del acantilado. Miró hacia abajo, donde sus hermanos cocodrilos seguían nadando, y se lanzó al vacío. Mientras caía, desplegó unas enormes alas que habían estado ocultas entre sus escamas y comenzó a volar.

El pequeño se sentía aislado y triste. Él quería con todo su corazón jugar con sus hermanos, pero no compartían los mismos gustos. Un día, decidido a integrarse y dejar de ser el raro de la familia, tomó una decisión importante. Había estado ahorrando dinero que le dejaba el Ratoncito Pérez y supo exactamente en qué gastarlo. Fue a la tienda y .